Esta es por tanto la persona sensitiva, que es delicada y sensible. Debido al trabajo en sí misma, tiene comprensión y benevolencia para con su prójimo. Reconoce diariamente parte de lo negativo que ha introducido en su interior, también de sus aspectos pecaminosos y los purifica sin demora. De esta forma consigue cada vez más paz consigo misma y con su entorno, es equilibrada y está en armonía. Debido a que se vuelve más libre de sí misma, de su ego apremiante, piensa también cada vez menos en sí misma y está abierta para sus semejantes. Ya no vive en actitud de espera, ni depende del reconocimiento ni de la aprobación de su prójimo.
Las personas indiferentes, que dan rienda suelta a sus irritaciones por medio de gritos, que con acusaciones de culpabilidad quieren traspasar a otros lo que ellas mismas han causado, adquiriendo de esa forma un pellejo duro, con lo que aparentemente descargan su sistema nervioso, se pueden comparar con los “duros de pelar”, que al igual que las personas egocéntricas, apenas se preocupan por el bienestar o el sufrimiento de su prójimo. El duro de pelar, el indiferente, el contemporáneo cómodo vive el día sin examinarse a sí mismo, apenas se pregunta qué es lo que con su forma de pensar y de comportarse, introduce a cada instante en su alma, en su nivel consciente y en su subconsciente. Están grabando incesantemente, van acrecentando incansablemente su destino y se sorprenden si éste un día les alcanza de acuerdo con la Ley de siembra y cosecha.
Por el contrario, las personas sensibles son personas sensitivas, conscientes, cósmicas, un tipo de persona con percepción interna. Las personas de pellejo duro, duras de pelar, indiferentes y egocéntricas, son personas orientadas a la materia, que solo reciben y perciben de forma indirecta, que están más orientadas a lo visible, pero que en cambio graban mucho más en lo invisible.
Teresa Antequera Cerverón
De la publicación. El reloj cósmico y la red de tu piel”



